Por qué los aires «dejan de enfriar» (sin haberse roto nunca)
Un aire acondicionado es un barco de calor: carga el calor dentro y lo descarga fuera. Ahoga cualquiera de los dos extremos y el barco para — pero nada se rompe. Un filtro polvoriento deja a la batería interior sin aire; un modo equivocado no pide frío alguno; una unidad exterior envuelta en pelusa no puede descargar el calor recogido. La máquina sigue andando; el frío renunció en silencio.
Qué culpable, según el síntoma
- Mucho caudal, pero aire a temperatura ambiente → el mando: ventilación/deshumidificación en vez del copo, o consigna más alta que la habitación.
- Lo flojo es el caudal, como a través de una bufanda → el filtro: polvo apelmazado, la máquina jadea y la batería incluso llega a escarcharse.
- Aire apenas fresco, nunca de verdad frío, facturas que suben → la unidad exterior: aletas grises de pelusa, cajas cortándole el aire.
Un límite honesto: escarcha en el tubo de cobre fino, silbido en los racores, o una máquina un poco menos fría cada verano desde hace tres años: eso es refrigerante, y el refrigerante es de un técnico certificado con manómetros y prueba de fugas. Nunca compres una lata y rellenes tú mismo — una sobrecarga desequilibra el sistema — y desconfía de quien «recarga» sin buscar antes la fuga.