Dos películas blancas, dos químicas opuestas
La cal es carbonato de calcio. Se disuelve en ácido liberando dióxido de carbono — esas son las burbujas que se ven en un hervidor, y por eso el vinagre, el limón y el ácido cítrico funcionan con ella. El jabón precipitado es otra cosa: cuando el jabón se encuentra con el calcio y el magnesio del agua dura, la parte de ácido graso se une al calcio y forma estearato de calcio, que es insoluble. Es también la razón de que el jabón haga poca espuma en agua dura: se está gastando en fabricar este depósito en vez de espuma.
Y ahí está la trampa. El estearato de calcio no se disuelve en ácido; el ácido más bien empuja el equilibrio hacia la sal cálcica insoluble, así que el vinagre puede fijar el jabón al vidrio en lugar de despegarlo. Lo que lo disuelve es lo contrario: un álcali que saponifique lo que queda de grasa, y un agente quelante que se lleve el calcio. En la práctica eso es bicarbonato, lavavajillas o un limpiador alcalino, más citrato de sodio o un poco de EDTA para la capa resistente.
La misma película blanca pide tratamientos opuestos, y la ducha es justo donde más se confunde. El blanco de una mampara no es sobre todo cal: es sobre todo jabón. De ahí que el consejo que se repite — «échale vinagre a la mampara» — empeore las cosas para casi todo el mundo, y de ahí que el velo vuelva en una semana: nunca se quitó, solo se repartió.
Tres blancos, tres respuestas
Pulverulento y seco, que la uña rasca sacando polvo y que se ablanda con vinagre en diez minutos, es cal. Ácido cítrico a 100–200 g por litro de agua tibia, pulverizado, diez a quince minutos, esponja suave, aclarar y pasar la rasqueta. Dos límites que respetar: no dejes el ácido media hora y no lo hagas cada semana — el ácido también ataca la película hidrófila.
Lechoso y algo graso, donde la uña resbala en vez de morder, y que el vinagre deja más blanco, es jabón. Pasta de bicarbonato, cinco minutos, en círculos con esponja suave — y para la banda de abajo, añade un quelante y dale tiempo en vez de fuerza. Aclara a fondo, porque un residuo alcalino es también una película.
Velado con brillo iridiscente, con la superficie rugosa y sin que la uña saque polvo, ya no es un depósito: el vidrio está atacado, o se ha ido la película hidrófila de fábrica. El ataque viene de álcali fuerte durante años y de polvos abrasivos; la película se va con estropajos y con ácido repetido. Nada de lo que se vende en un bote restaura ninguna de las dos cosas. El pulido con óxido de cerio es la respuesta profesional, y en una mampara entera suele costar más que el vidrio.