El revestimiento no es el peligro. Lo que tapaba es la pregunta
Una cubeta es un bol de aluminio con una capa antiadherente, normalmente PTFE. El susto viene de una sartén calentada en seco en un fuego, donde la superficie pasa de 260 °C y el PTFE empieza a descomponerse. Una arrocera no se acerca: se queda en torno a 100 o 105 °C en el fondo, y un modelo con programa de bizcocho no pasa de 140. A esas temperaturas el PTFE es uno de los plásticos más estables de una cocina. Así que el revestimiento no es el tema.
El aluminio de debajo sí. El aluminio es un metal anfótero: se disuelve en ácido y se disuelve en álcali. Tomate, vinagre, limón, chucrut — todo lo que baja de pH 4 — se lleva aluminio a la comida, y la velocidad sube claramente en cuanto el revestimiento se ha ido, porque ya no hay barrera. El arroz y el agua están cerca del neutro, y eso explica que la misma cubeta cueza arroz un año sin que nadie note nada, y luego dé un arroz con tomate francamente metálico. La cubeta no ha cambiado; la comida sí.
Por eso la conclusión de esta página es una decisión y no una advertencia. Una cubeta rayada pero sin metal desnudo sigue haciendo su trabajo; una con una mancha plateada está perdiendo, y la respuesta sensata es una cubeta nueva, no una máquina nueva. Las cubetas son piezas estándar: el modelo está en una etiqueta en la base o dentro de la tapa, y un recambio cuesta más o menos la cuarta parte de una arrocera. La trampa es no saberlo y tirar una máquina que tenía otros diez años por delante.
Tres fallos, tres respuestas
Rayas y escamas pequeñas, sin metal desnudo, es desgaste. Pasa a silicona o madera, deja la espátula metálica, no guardes cubiertos dentro y no cocines nada ácido a partir de ahora. La razón no es que vaya a fallar, sino que el descascarillado va en una sola dirección: el borde expuesto se pega, lo pegado se quema, lo quemado se restriega y el restregado se lleva más revestimiento. Termina en aluminio desnudo. Busca el número de modelo ahora y no el día en que importe.
Una mancha plateada termina con la cubeta como utensilio de cocina. Deja de usarla para nada ácido, apunta el modelo, pide la pieza y comprueba tres dimensiones a la llegada — diámetro exterior, altura y diámetro de la base — porque una cubeta dos milímetros fuera o baila sobre la placa o impide cerrar la tapa.
Un botón que pide varias pulsaciones suele ser la membrana detrás de la tecla, no la electrónica: la pastilla de carbón se desgasta o el contacto se oxida. Desenchufa, quita la base y busca en la membrana una mancha negra desgastada o un agujero. Limpiar los contactos con una goma de borrar o un poco de alcohol recupera algunos. Si la membrana está rota, un panel de recambio es barato en un modelo común y merece el intento antes de tirar la máquina.