Un tornillo agarra cizallando material — por eso «pasado» puede ser cualquiera de los dos lados
Un tornillo no agarra por rozamiento ni por cola. Corta una rosca en el material, y aguanta porque una lámina finísima de ese material se apoya en cada flanco de filete y se resiste a ser arrancada. Dos cosas pueden romper ese equilibrio, y rompen en lados opuestos de la unión. La huella de la cabeza puede redondearse y entonces el par no llega: es un fallo de la interfaz con la herramienta. O la rosca en el material puede quedar arrancada y pulida: el tornillo gira libre y no aguanta nada, que es un fallo del material.
La distinción importa porque las reparaciones van al revés. Una cabeza gastada se saca hacia fuera: más rozamiento, una ranura nueva, un extractor de filete inverso. Un agujero arrancado se reconstruye hacia dentro: se mete material nuevo y se vuelve a atornillar dentro de él. Quien trata las dos como un solo problema coge un tornillo más grueso, que no hace nada por una cabeza redondeada y en un agujero arrancado se lleva por delante lo último que quedaba de pared.
Por qué se redondea la cabeza
La proporción correcta al atornillar es más o menos siete partes de empuje por tres de giro. La mayoría lo invierte: poca presión, mucha rotación. Entonces la punta trepa fuera de la huella en vez de arrastrar el tornillo, y cada vez que trepa arranca un poco de metal de las esquinas. Por eso un tornillo que entró perfectamente se niega a salir un año después: no ha cambiado nada en él, salvo que su huella se fue redondeando en cada montaje.
Tres causas, por orden de frecuencia. La punta del tamaño equivocado. La estrella existe en PH1, PH2 y PH3; los tornillos domésticos son casi todos PH2, y meter una punta PH2 en un tornillo PH1 es la forma más habitual de destruir una cabeza. La prueba: encaja la punta y muévela lateralmente; cualquier holgura significa tamaño equivocado. Poca presión axial. Demasiada velocidad o el eje torcido, que concentra el desgaste en una esquina y pasa enseguida con un taladro sin embrague.
El material decide si el agujero se puede reconstruir
- La madera maciza y el contrachapado sí se reconstruyen. Rellena el agujero con palillos, cerillas o un taco encolado, espera a que cure y el tornillo vuelve a tener fibra nueva que cortar. Tres fallos típicos: rellenar hasta arriba (el tornillo ya no tiene por dónde entrar y empuja el relleno fuera), atornillar antes de que cure (30 a 60 minutos mínimo, y el fallo es silencioso) y rellenar un agujero todavía lleno de serrín y cola vieja, que es a lo que se pegará la cola nueva.
- El aglomerado y el DM casi no se reconstruyen. Su cohesión interna es baja por diseño, y por eso los herrajes de mueble de kit se pasan tan fácil y por eso cada vuelta extra empeora. La masilla epoxi o un taco ayudan poco; una escuadra metálica que reparta la carga ayuda mucho más.
- Plástico y metal no, y no con métodos de madera. No hay fibras que morder. Aquí el truco del palillo, realmente bueno en madera, pasa a ser perjudicial: mete en el agujero algo más blando que el material que acaba de ceder. El plástico admite un tornillo de rosca gruesa un milímetro mayor, o masilla epoxi taladrada de nuevo. El metal pide un inserto roscado, o un perno pasante con tuerca.
Las cifras que merece la pena recordar
La rosca engranada debe ser al menos dos tercios de la longitud del tornillo en la pieza que recibe, tres cuartos en madera blanda, y solo cuenta el filete que está realmente en esa pieza. Pasadas seis u ocho veces el diámetro, alargar no aporta casi nada, porque la carga se concentra en los primeros filetes. El taladro piloto es la otra mitad: para un tornillo de 4,2 mm, unos 2,0 mm en madera blanda y 2,4 mm en dura, y sin taladro piloto la madera dura se raja en vez de agarrar.