La tuerca no sella. Aprieta.
Un empalme de junta deslizante es una idea muy simple, y casi todos los errores de esta página vienen de no conocerla: dos bocas de tubo se miran de frente, una junta de goma o nailon queda entre ellas, una tuerca se enrosca y aplasta esa junta. El agua queda retenida dentro de la junta, contra las dos bocas. La rosca no aporta nada más que la fuerza de apriete. Por eso este empalme está diseñado para apretarse a mano: la junta tiene que quedar aplastada, no machacada.
Y por eso mismo la cinta PTFE no sirve aquí, y puede empeorarlo. La cinta es para roscas cónicas — NPT y familia — donde la propia rosca es la superficie de sellado y la cinta rellena el hueco en espiral. Un empalme deslizante es una rosca recta sobre una junta: no hay hueco en espiral que rellenar. Lo que sí hace la cinta es volver la tuerca más deslizante, de modo que es más fácil pasarse del punto en que la junta ya está comprimida del todo, y dejar restos en la rosca que impedirán que la tuerca asiente la próxima vez. Todos los fontaneros dicen lo mismo y sigue siendo lo que la gente añade con más ganas a un empalme que ya gotea.
El par tiene techo, y el techo es un cuarto de vuelta. A mano hasta el tope, y luego un cuarto de vuelta con alicate. Más allá, la tuerca de plástico se deforma y después se raja — y una tuerca rajada fuga apriete lo que apriete, mientras sigue pareciendo apretada. Ese es el camino completo de un trabajo de dos minutos que acaba en un sifón nuevo: la tuerca se raja, la fuga empeora y compras el kit entero. Si un empalme está apretado a tope y aún supura, la respuesta no es más fuerza. La respuesta es la junta.
Y antes de todo eso: averigua en qué lado estás trabajando. El lado de desagüe solo tiene agua mientras el agua corre, y luego se vacía. El lado de alimentación está a 2–4 bar día y noche. Son dos averías distintas con dos riesgos distintos, y desmontar un sifón sano porque supusiste el lado equivocado es exactamente cómo una gota se convierte en un charco.
Tres fuentes, en el orden en que hay que sospecharlas
- Las tuercas del sifón. Las más frecuentes con diferencia, y las más baratas: cerca de la mitad dejan de fugar con nada más que un cuarto de vuelta. La junta ha perdido compresión — vibración, ciclos de frío y calor, o alguien que empujó el tubo al coger los productos de limpieza. Si apretar no basta, la junta se ha endurecido, se ha deformado o se montó al revés.
- El lado de alimentación: la llave de escuadra y el flexo trenzado. Más raro, y es el que hace daño de verdad, porque va a presión. La prueba: envuelve un papel seco alrededor del mango y vuelve al día siguiente — si está húmedo, la empaquetadura del vástago ha cedido y la llave hay que cambiarla. Un flexo trenzado dura entre cinco y siete años; cuando el tubo interior se agrieta, la malla mantiene la forma y esconde la avería hasta que revienta de golpe.
- La válvula de desagüe y el rebosadero. El que se diagnostica mal, porque el agua aparece en el sifón y la avería está 30 cm más arriba. Si el agua baja por el exterior del tubo de desagüe, la fuga está en la boca del fregadero, no en ninguna tuerca. La masilla o la junta bajo la válvula se ha secado y el agua pasa por al lado del sellado en vez de por el agujero.
Un solo gesto sustituye a todas las suposiciones
Seca cada empalme con un trapo. Envuelve un papel seco alrededor de cada uno — las dos tuercas, los empalmes de alimentación, la base de la válvula. Luego usa el fregadero con normalidad una vez y vuelve a mirar. El primer papel mojado es tu fuente. Suena demasiado simple para decirlo, y vale más que todos los demás diagnósticos de esta página juntos: es la diferencia entre apretar una tuerca y desmontar tres empalmes para averiguar cuál era.