Dos cosas pueden patinar, y la carga dice cuál
Un tendedero de manivela es un tambor, cuatro cables y un trinquete que impide que el tambor gire hacia atrás. Ese trinquete es una pequeña lengüeta de acero con muelle que cae en los dientes de una rueda — y es la única pieza del conjunto que se gasta: la punta se redondea, la lengüeta pasa por encima del diente en vez de encajarse, y el tambor retrocede bajo la carga. Todo lo demás —tambor, cable, barras, placa— es prácticamente indestructible en uso normal.
Así que la pregunta es si el patinazo está en el trinquete o en el tambor, y el propio tendedero lo responde. Gíralo sin nada colgado. Una manivela que patina en vacío patina en la lengüeta: no hay ninguna carga sobre los cables, así que el cable no puede ser el culpable. Una manivela que sube bien en vacío y solo patina cargada es el cable — se ha apilado en el tambor y se cabalga en vez de quedarse en una sola capa.
Por qué forzar empeora una avería de cable
El tambor es estrecho y el cable es rígido, así que solo se enrolla bien en una capa ordenada, vuelta a vuelta. Déjalo cruzarse una vez y la vuelta siguiente se apoya en el cruce, y la siguiente encima: se forma un montón en un extremo, el diámetro efectivo crece, la manivela se vuelve pesada y de pronto ligera cuando el montón se derrumba y el cable se bloquea o se rompe. Es seguir girando lo que convierte una bobina mal puesta en un bloqueo, y es justo el reflejo natural cuando «se pone dura».
El remedio es del todo contraintuitivo: bájalo del todo hasta que el cable salga de la parte útil del tambor, y vuelve a subirlo despacio y regular, guiando el cable con un dedo para que cada vuelta quede al lado de la anterior. Si el montón ya está bloqueado, no fuerces: el cable se doblará y un cable doblado no se endereza lo suficiente para volver a correr. Y la costumbre que hay que abandonar: subir hasta el tope y darle dos vueltas más para asegurarse. Esas dos vueltas no aportan nada a la ropa y todo al desgaste de la lengüeta.